No es cuestión de menos madera, sino mejor utilizada

MADERA ROBLE

Durante años, el discurso dominante en el mundo del vino ha sido relativamente sencillo: menos madera, más fruta; menos intervención, más expresión del origen. Este mensaje contiene parte de verdad, pero deja fuera matices esenciales.

El mercado no rechaza la madera. Rechaza el exceso, la falta de integración y el uso sin un objetivo claro. Prueba de ello es que los vinos con crianza siguen concentrando gran parte del peso económico y simbólico del sector en regiones como Rioja, Ribera del Duero, Burdeos, Toscana, Napa, Australia o Chile. La madera no está desapareciendo; está redefiniendo su papel.

Durante mucho tiempo se ha hablado de la madera casi exclusivamente desde el punto de vista aromático: vainilla, coco, caramelo o tostados. Sin embargo, su contribución va mucho más allá. La madera también es estructura, textura y evolución. Aporta polisacáridos, taninos elágicos y una interacción controlada con el oxígeno que influye directamente en el equilibrio del vino, su centro de boca y su capacidad de guarda.

Cuando la madera se elimina sin una alternativa estructural, en muchos casos el vino gana inmediatez, pero pierde profundidad y estabilidad. Se vuelve más accesible en juventud, pero también más frágil y menos coherente entre añadas.

El verdadero cambio no consiste en reducir la madera, sino en afinar su gestión. El mercado actual demanda vinos más frescos, más bebibles y mejor integrados, lo que no implica prescindir de la madera, sino utilizarla con mayor precisión.

En este nuevo contexto, cobran protagonismo estrategias como el uso de barricas de mayor volumen, barricas usadas, tostados más suaves o aportes menos invasivos. Y, de forma natural, aparecen herramientas de madera complementarias que permiten un control más ajustado del aporte, siempre desde una perspectiva técnica y no como sustitución de la barrica de alta gama.

Solo alrededor del 20 % del vino mundial puede asumir una crianza en barrica nueva premium, tanto por coste como por estilo. El resto del mercado necesita soluciones que aporten equilibrio, estructura y coherencia sin comprometer la identidad del vino. No se trata de ideología, sino de realidad enológica y económica.

Bien gestionadas, estas herramientas permiten ajustar dosis, tiempos de contacto y perfiles de tostado, aportando regularidad entre lotes y facilitando la repetibilidad de un estilo año tras año, algo especialmente valorado por el mercado.

En función de la añada y del perfil del vino:

  • En años fríos pueden contribuir a ganar volumen y redondez.
  • En años cálidos ayudan a estructurar y aportar tensión.
  • En vinos jóvenes añaden complejidad sin ocultar la fruta.
  • En gamas medias permiten equilibrar coste, calidad y estilo.

Hoy el debate enológico se centra menos en el aroma y más en la gestión del tanino, el centro de boca, la astringencia, el verdor y la longevidad. Reducir la madera sin comprender estos factores puede comprometer la evolución del vino. Utilizada con criterio, la madera estabiliza, armoniza y protege.

En AZ3 partimos siempre del vino y de la añada. Escuchamos al enólogo, analizamos el contexto y aplicamos experiencia técnica para diseñar soluciones coherentes. Apostamos por el control, la precisión, la reproducibilidad y la rentabilidad, entendiendo la madera como una herramienta enológica más al servicio del estilo buscado.

No es cuestión de menos madera, sino de vinos mejor construidos. La diferencia no está en el material, sino en cómo, cuándo y por qué se utiliza.

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