Las propiedades del barro se conocen desde antaño. Su capacidad absorbente, refrescante, y su lenta oxigenación hacen que haya sido durante mucho tiempo, el recipiente de elaboración y conservación del vino. Hoy en día, gracias a la sabiduría de nuestros antepasados, volvemos a usar las tinajas de barro para la crianza de los vinos.

Su estructura microporosa permite un intercambio entre el vino y el ambiente. Esto hace que ocurran dos fenómenos beneficiosos para el vino:

  • Oxigenación, lenta y constante para la estabilización.
  • Concentración, lentamente por evaporación.

Gracias a su estructura microporosa el vino atraviesa por capilaridad las paredes de la jarra, y dependiendo de la humedad y temperatura ambiental, se va evaporando. En su interior, se compensa en parte por vacío y en parte por entrada de aire de los poros.

Muchos vinos, varietales o por su estilo, no admiten los aportes de madera, por lo que este recipiente es ideal para esos casos, ya que el aporte lento y constante de oxígeno elimina el verdor y preserva la fruta. En estos casos, la tinaja es la manera ideal de moldear el vino.

Es una herramienta que ofrece un respeto absoluto por el vino, obteniendo perfiles de fruta, fresca o madura.

Continúa con el siguiente proceso Crianza industrial